Justo Sierra y nuestra universidad – Luis Maldonado Venegas

Justo Sierra y nuestra universidad – Luis Maldonado Venegas

 

El jueves 26 de mayo de 1910, dentro del marco de los festejos del Centenario de la Independencia de México, se promulgó por decreto presidencial la Ley Constitutiva de la Universidad Nacional de México, impulsada históricamente por quien fuera denodado luchador por la reapertura de la que hoy es nuestra alma mater y máxima casa de estudios, el licenciado Justo Sierra Méndez, a cargo entonces del Ministerio de Instrucción Pública del gobierno de Porfirio Díaz.

 

Este viernes 25 de mayo de 2018, se cumplen 108 años de aquella histórica jornada, cuando integraban la Universidad Nacional las escuelas Nacional Preparatoria, de Jurisprudencia, de Medicina, de Ingeniería, de Bellas Artes y la de Altos Estudios, si bien sus actividades académicas empezarían cuatro meses después, el 22 de septiembre de ese mismo 1910.

 

Pero hay mucha historia detrás de estas fechas memorables. La primera Universidad de México se creó por cédula real de Felipe II, expedida el 21 de septiembre de 1551. Aquella universidad abrió sus cursos el 25 de enero de 1553; 280 años después, en 1833 el gobierno de don Valentín Gómez Farías la clausuró “por reaccionaria y pontificia”, y su vida académica fue reemplazada por seis escuelas de educación superior dependientes de la Dirección de Instrucción Pública. La Universidad fue clausurada nuevamente el 14 de septiembre de 1857 por el presidente Ignacio Comonfort.

 

La travesía que tuvo que continuar la Universidad fue prolongada y muy accidentada, hasta culminar el 22 de mayo de 1929, con el proyecto de ley orgánica presentado por el presidente Emilio Portes Gil, que le dio rango e independencia al convertirla en Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). En suma, hoy que está cumpliendo 89 años de edad autónoma, nuestra gran institución es una de las mejores universidades del mundo, cuyas autoridades, docencia y alumnos son genuinos protagonistas en la historia y en la formación de nuestro país.

 

Antes de continuar, detengámonos en la figura excelsa de don Justo Sierra Méndez, ocasional e injustamente vinculado al periodo del Porfiriato. Nada más ajeno a la verdad histórica.

 

Don Justo Sierra Méndez (nacido en San Francisco de Campeche el 26 de enero de 1848 y fallecido en Madrid, el 13 de septiembre de 1912) fue un distinguido escritor, historiador, periodista, poeta, político y filósofo mexicano, discípulo del célebre autor de la novela El Zarco, Ignacio Manuel Altamirano. Fue Justo Sierra imbatible promotor de la constitución de lo que hoy es la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Varias universidades de América Latina lo llaman merecidamente “Maestro de América”. Es uno de los personajes más influyentes de la historia moderna de México, respetado por Porfirio Díaz, quien (por fortuna) le concedió a don Justo Sierra amplia libertad y reconocimiento a su inmensa y precursora obra educativa, en bien de México, mientras fue Ministro de Instrucción Pública en su gabinete.

 

Merece ser destacado el trabajo de don Justo en condiciones de agitación política, social y hasta confrontación armada, durante el abrupto periodo de conflictos entre liberales y conservadores, federalistas y centralistas, que culminaría el 20 de noviembre de 1910 con el estallido de la Revolución Mexicana.

 

En abono de tan gran figura histórica como la de don Justo Sierra, puede decirse que al triunfo de la Revolución sobrevivieron al conflicto armado y lograron un lugar de privilegio en la mesa de discusiones del Congreso Constituyente de Querétaro, en 1917, las ideas fundamentales acrisoladas en la vida y en la obra del gran maestro campechano:

 

Ideas que lo llevaron a ofrecer alternativas de formación a quienes fueron por igual alumnos y críticos talentosos en el Ateneo de la Juventud, fundado el 28 de octubre de 1909. A riesgo de omitir valiosos personajes, son inolvidables algunos de los casi 100 integrantes del Ateneo: Nemesio García Naranjo, Ricardo Gómez Robelo, Carlos González Peña, Pedro Henríquez Ureña, Alfonso Reyes, Alfonso Teja Zabre, Julio Torri, José Vasconcelos, José Santos Chocano, Diego Rivera, Enrique González Martínez y Martín Luis Guzmán.

 

Con don Justo Sierra al frente muchos de ellos activaron la vida académica, cultural y científica de la Universidad Nacional y, paralelamente, una nueva conciencia reflexiva en torno a la educación.

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